08-03-17

Comunicado con motivo del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo.

Comisión de Igualdad del Colegio de Psicología de Bizkaia

Los datos escalofriantes sobre los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas de los últimos meses y el incremento de la violencia sexual en la juventud nos interpelan a los-as profesionales de la psicología sobre los orígenes y efectos de dicha violencia.
Habitualmente se asocia la violencia de género a la física y ésta no es más que la punta del iceberg de la violencia que sufren las mujeres. Además de la violencia física existen otra multiplicidad de formas de ejercer violencia: violencia sexual, emocional, social, simbólica, económica, etc. el problema con estas violencias es que se ejercen mayoritariamente de forma oculta, con el desconocimiento tanto del que la ejerce como del que la sufre y el que la observa, no se ven porque están naturalizadas. Que no se vea no significa que no produzca efectos, con las violencias ocultas ocurre lo mismo que con la radiactividad produce daños sin ser vista. Como colectivo que trabaja para la salud, igualdad y la libertad de las personas, el objetivo de nuestro trabajo es visibilizar dicha violencia.
Entendemos por violencia, siguiendo a las Naciones Unidas, como "todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada" (OMS, 2010).
En nuestra sociedad bastantes o muchos hombres abusan de las mujeres sin ser conscientes de ello y, también, las mujeres se someten a dichos abusos o maltrato sin enterarse. A través de los roles de género que dividen las funciones que hombres y mujeres cumplen en la sociedad y en las relaciones entre ellos se va configurando como dice Bourdieu (1998), las percepciones, pensamientos y conductas de todos los miembros de la sociedad. Estas diferencias van a afectar a la forma en la que se configura la mente en los hombres y las mujeres y a la manera en la que se relacionan y se aman (Serrano, 2013).
Esta violencia ha pasado desapercibida y no se ha valorado suficientemente su impacto sobre la salud de las personas. Bonino considera que la concepción habitual de violencia es patriarcal, simplista, minimizadora, oscurecedora y tergiversadora de los hechos, es multiforme y se presenta bajo diferentes formas (Bonino, 2003). Para Emakunde (2015) existen, en función de los componentes, diversos tipos de violencia: física, psicológica, sexual, económica, social y simbólica, y en función de los ámbitos en los que se desarrolla, cabe distinguir entre: violencia en el ámbito de la pareja o expareja, violencia en el ámbito familiar, violencia en el ámbito laboral o
educativo, violencia en el ámbito comunitario y violencia institucional, y añadimos, la violencia que se puede ejercer sobre sí mismo-a (Serrano, 2013).
Para visibilizar este tema y con motivo del Día Internacional de la Mujer, desde la Comisión de Igualdad del Colegio de Psicología de Bizkaia deseamos señalar algunos aspectos de cada tipo de violencia que se ejerce contra las mujeres.
Violencia Física
La violencia física constituye la expresión más conocida y evidente de la violencia ejercida contra las mujeres, en la mayoría de las ocasiones, reflejándose su impacto en el cuerpo de las mujeres.
Hablamos de violencia física para referirnos a aquella violencia ejercida contra la mujer que atenta o puede atentar contra su vida o integridad física. Cualquier acto no accidental que produzca o pueda producir daño físico, incluyéndose acciones que puedan producir o produzcan lesiones graves e incluso la muerte de la mujer incluyéndose acciones tales como empujar, golpear, lanzar objetos, etc (Emakunde, 2015).
Como consecuencia del ejercicio de este tipo de violencia machista en lo que llevamos de año según datos oficiales 15 mujeres han sido asesinadas en manos de sus parejas o exparejas (Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad, 2017) y, según datos no oficiales otras 4 mujeres han sido asesinadas, víctimas también de esta violencia machista.
Violencia Psicológica
Para cuando la violencia física se hace visible, y estamos hablando del ámbito de la pareja, y de las relaciones más cercanas; el agresor lleva tiempo haciendo una labor de destrucción incisiva y silenciosa de la persona, que denominamos violencia psicológica. Es una especie de red que muchas veces desde actitudes socialmente aceptadas como la desvalorización de las mujeres, desprecio, etc; va destruyendo el sostén de la persona, su autoestima, su voluntad, su capacidad para decidir y ser autónoma; llevándola a unos cuadros sintomáticos que vemos en diagnósticos de trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, trastornos por estrés postraumático, conductas adictivas, etc. y en los índices de suicidio.
La violencia psicológica se concreta en forma de manipulación y abuso emocional, aislamiento de sus entornos (familiares, amistades, etc.), amenazas (quitar o dañar a sus hijas/os), desvalorización, humillación, etc. que generan en la víctima miedo, soledad, dolor emocional, bloqueo para la acción y para tomar decisiones.
Esta especie de parálisis o anulación psicológica comporta el control total del agresor sobre la víctima, que lleva a su vez a la dificultad y a menudo a la imposibilidad de alejarse del agresor.
En opinión de las víctimas es el modo de violencia más difícil de soportar y en opinión de las y los profesionales el que más secuelas y más duraderas deja, pues requiere a nivel terapéutico una reconstrucción desde las estructuras psicológicas más básicas que le permita nuevamente reconocerse como persona libre y autónoma.
Violencia Sexual
Violencia Sexual: “Es aquella violencia que comprende cualquier agresión que suponga la utilización del cuerpo de las mujeres contra su voluntad. Supone a la vez una agresión física y un ultraje psíquico que atenta contra la libertad sexual de la persona” (Emakunde, 2015).
Las conductas violentas que atentan contra la libertad sexual de las mujeres y las niñas incluyen la agresión sexual (una relación sexual no consentida, que se consigue por medio de violencia o intimidación), abuso sexual (la realización de conductas de contenido sexual no consentidas sin hacer uso de la violencia o la intimidación), acoso sexual (conductas de naturaleza sexual, incluidas conductas verbales, no verbales y físicas en el ámbito de una relación de poder que ofenden, intimidan y afectan a la dignidad de la mujer), prostitución y explotación sexual (de mujeres y las niñas que, voluntariamente u obligadas, venden sus cuerpos a hombres que pagan por el servicio) (Parlamento Europeo, 2013), trata de mujeres y niñas con fines sexuales (captación, transporte, traslado, acogida o recepción de una persona recurriendo a la amenaza o abuso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, fraude, engaño o abuso de poder o de situación de vulnerabilidad o a la concesión de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona con fines de explotación sexual), la mutilación genital (eliminación parcial o total de los genitales externos de la mujer u otras lesiones a los órganos genitales femeninos por razones no médicas) (OMS, 2008), sextorsión (forma de explotación sexual en la cual una persona es chantajeada con una imagen o vídeo de sí misma desnuda o realizando actos sexuales), corrupción de menores, pornografía de menores, exhibicionismo y provocación sexual.
A menudo nos encontramos que la violencia sexual no se percibe por la mujer como tal al darse dentro de la pareja. Son muchas las mujeres que no reconocen que la sexualidad forzada por su pareja es una violación, por eso, aunque es una de las prácticas más habituales de la violencia contra las mujeres, es de las menos denunciadas a nivel mundial. A su vez, la tolerancia social que tradicionalmente ha existido, así como factores interrelacionados como el miedo a las represalias del agresor, ser considerada culpable de lo ocurrido, la vergüenza a que se conozca la
situación públicamente, falta de apoyo familiar y/o social, la confusión o conmoción psicológica provocada por la agresión, la falta de información, etc, han sido factores coaccionadores a la hora de interponer denuncia.
Observamos que la violencia sexual tiene consecuencias graves en la salud física, conductual y mental de las mujeres que la sufren, pudiendo llegar a la mortalidad en algunos casos. Así encontramos afecciones a nivel de salud reproductiva (traumatismo ginecológico, embarazo no planeado, aborto inseguro, disfunción sexual, infecciones de transmisión sexual) (ITS). A nivel conductual (comportamiento de alto riesgo (por ejemplo, relaciones sexuales sin protección, iniciación sexual consensual temprana, múltiples compañeros íntimos, abuso del alcohol y otras drogas). En salud mental (depresión, trastorno por estrés postraumático, ansiedad, dificultades del sueño, síntomas somáticos, comportamiento suicida, trastorno de pánico).
Según los datos aportados por el confidencial en julio de 2016, más de un millar de mujeres son violadas cada año en España desde al menos 2009, cuando el Ministerio del Interior comenzó a desglosar la estadística de agresiones sexuales para acomodarse al criterio de la Unión Europea, una fecha desde la que se han registrado más de 8.200 agresiones sexuales con penetración, tres al día, una cada ocho horas. Los datos oficiales, recogidos por Europa Press indican que en 2009 se registraron 1.304 violaciones, en 2010 fueron 1.177 y en 2011 ascendieron a 1.513, la cifra más elevada de la serie estadística. Un año después se contaron 1.280 agresiones sexuales con penetración, que fueron 1.298 en 2013 y un total de 1.239 en el año 2014.
El año pasado se computaron al menos 1.127, según las cifras que proporcionó el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, durante la presentación del balance de criminalidad el pasado mes de febrero. En aquella comparecencia reconoció que este fenómeno "requiere un protocolo específico" y afirmó que su Departamento estaba "trabajando en ese ámbito".
Según la presidenta de la Federación de Asociaciones de Asistencia a Mujeres Violadas, Tina Alarcón, las cifras de los cuatro últimos días en Pamplona, como las cifras del Ministerio del Interior son sólo una pequeña parte de la realidad porque "de cada seis violaciones, se denuncia una".
Violencia económica
Se refiere a la privación intencionada e injustificada de recursos para el bienestar físico o psicológico de una mujer (y, por ende, de sus hijas/os) y la restricción de los recursos propios o compartidos de la unidad familiar. Al maltrato económico, subyace un control a la mujer que puede tomar diferentes formas como se comenta
a continuación, siendo la violencia económica la segunda que más sufren las mujeres después de la psicológica/emocional.
El hecho de la restricción en el manejo del dinero y en la administración de los bienes, genera niveles de estrés en la mujer y probablemente en sus hijas/os. En cuanto a las manifestaciones del maltrato económico del hombre hacia la mujer, se pueden encontrar las siguientes: la reclamación sobre cómo gastan el dinero, la prohibición de que puedan trabajar o estudiar, la acusación de que se gastan el dinero destinado al hogar en asuntos banales y/o las amenazas de quedarse con los bienes de propiedad de la mujer.
Todo esto constituye un delito que afecta a numerosas mujeres y a sus hijas/os de forma inevitable.
Entre los efectos negativos de la violencia económica destacan las relaciones de dependencia económica, vital y funcional que pueden crearse hacia el hombre. Otra influencia negativa fundamental que este maltrato ejerce sobre las mujeres (como en cualquier forma de maltrato), es el detrimento que causa en la autoestima de las mujeres, lo que les hace más vulnerables a ser víctimas de otros tipos de violencia también expuestos en este comunicado. Así, si la mujer también es por ejemplo, víctima de violencia sexual o física, será más complejo que pueda romper el vínculo y denunciar el caso.
Violencia social
La violencia contra las mujeres tiene profundas raíces sociales y culturales y está vinculada al desequilibrio en las relaciones de poder entre hombres y mujeres en diversos ámbitos como social, económico, religioso y político, pese a los innegables avances en las legislaciones nacionales e internacionales a favor de la igualdad de derechos.
Para mejor comprender la violencia social es importante pensar desde tres perspectivas: las instituciones, la dominación y la ideología. Las instituciones son el constructo de las sociedades que se encuentran custodiadas por las creencias y dirigidas por los modos de conducta “instituidos” por la colectividad y establecen mecanismos de control, a través de normas y sanciones que vienen legitimadas tácitamente por las personas y según Durkheim (1985), la institución es la noción más general del hecho social. Un mecanismo de control son las relaciones de dominación donde alguien, con el pretexto de poseer una determinada cualidad o característica se apropia de sus poderes (capacidades) y pasa a tratarlos/tratarlas de manera desigual y, por lo tanto, es una relación desigual, injusta.
Los estereotipos cuando negativos crean y mantienen las relaciones de dominación. Por ejemplo, podemos decir que las mujeres son más “amorosas”, que no poseen
tanto poder de decisión, de motivación. A partir de entonces es más fácil pagar menos a las mujeres. Por lo tanto, la expropiación económica está basada en un estereotipo ideológico, siendo este un hecho social, instituido por la colectividad.
La ideología es el empleo de formas simbólicas (significados, sentidos) para crear, sostener y reproducir determinados tipos de relaciones. Por lo tanto, este concepto podrá valer tanto para crear y sostener relaciones tanto justas y éticas y también para crear y sostener relaciones asimétricas, desiguales, injustas a las que llamamos relaciones de dominación, siendo el machismo una de ellas.
Estos conceptos contribuyen a la comprensión de cómo se gesta, desarrolla y mantiene a nivel sociocultural el proceso de naturalización de la violencia contra las mujeres mediante el reconocimiento de la ideología machista, estereotipos y practicas socioculturales que en el día a día retroalimentan la cultura patriarcal.
Se les comprende cómo una organización sociocultural patriarcal, establecida ideológicamente en las relaciones cotidianas y en el entorno, que facilitan la negación del ser, legitiman la violencia y como estilo de vida, negando de esta manera a la mujer la construcción de la subjetividad femenina como sujeto de igualdades y derechos.
Violencia Simbólica
Es la violencia que se ejerce implícitamente de forma oculta en las relaciones sociales. Según Bourdieu (1998) esta violencia no se ejerce directamente sobre las personas mediante la acción física, sino a través de la imposición de roles sociales, estructuras mentales y categorías cognitivas. Las personas dominadas incorporan estos modelos, los hacen suyos y los reproducen.
La violencia simbólica se ejerce a través de la cultura, opera de forma oculta, conformando nuestra forma de ser, el lenguaje, las teorías con las que nos explicamos las diferencias entre hombres y mujeres y la forma en la que entendemos la vida.
El principal canal o vehículo de transmisión son las "teorías científicas" y los medios de comunicación, a partir de ellos se expanden al interior de la mente de las personas, configurando su manera de comportarse, pensar, hablar y sentir. Nuestros deseos y fantasías están impregnados de dicha violencia, como no somos conscientes de ella lo incorporamos como si fuera algo natural .De acuerdo con Foucault (1976), el poder se impone fundamentalmente a través de la persuasión.
En nuestra cultura la mujer ha sido pensada, categorizada, definida, “hablada”, por un pensamiento construido por los hombres. Lo masculino y sus conductas han sido
representado como lo “normal” y lo valorado. Mientras que lo femenino ha sido silenciado y se le ha identificado con la naturaleza, devaluado y débil.
El patriarcado es sutil, invisible e innombrable, esa es su fortaleza. Advertir el patriarcado en la vida diaria es una misión de observación rigurosa y polémica.
Comisión de Igualdad del Colegio de Psicología de Bizkaia.
Integrantes por orden alfabético:
Lda. Amparo de Dios
Lda. Aitana Fuster
Lda. Inmaculada Galdeano
Lda. Usue García
Lda. Maite Nuevo
Dra. Carmina Serrano
Dra. Aurora Urbano
Dra. Vera Xabier
AF Medios- AF mujer. Disponible en: http://www.mujeraf.com/2017/01/identificar-la-violencia-economica/
Bonino, L. (2003). Masculinidad hegemónica e identidad masculina. Dossiers feministes, 6, 7-36.
Bourdieu, P. (1998). La domination masculine. Éditions Du Seuil, París. Trad. Español, 2000. La dominación masculina. Anagrama, Barcelona. (1991). Ed. El sentido práctico.
Campos, R.H. de F. (org.) (1996). Psicología Social Comunitaria. Da solidariedade à autonomia. Petrópolis RJ: Vozes.
Delegación del Gobierno para la Violencia de Género del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2017). Disponible en: http://estadisticasviolenciagenero.msssi.gob.es
Durkheim, E. (1985). Las reglas del método sociológico. Barcelona: Orbis.
Emakunde (2015). Violencia contra las Mujeres en la CAPV. Informe final: Datos 2014 y primer trimestre 2015.
Emakunde (2015). Violencia contra las Mujeres en la CAPV. Informe final: Datos 2014 y primer trimestre 2015.
Foucault,M.(1976). Historie de la sexualité.1. La volanteé de savoir Paris: Guillomar. (Trad. Cast.: Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber. (1997) Madrid siglo XXI.
El Confidencial. 27 de Febrero de 2016. Disponible en: http://www.elconfidencial.com/espana/2016-07-11/numero-violaciones-espana_1231474/
Parlamento Europeo (Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género). Informe de 4 de febrero de 2014 sobre explotación sexual y prostitución y su impacto en la igualdad de género (2013/2103 (INI)).
Serrano, C. (2012) Un estudio sobre los efectos de la violencia de género en el desarrollo psíquico de las mujeres. (Tesis Doctoral). Universidad de Deusto, Bilbao.
Xavier, V.R. (2011) Estudio cualitativo: Caracterización de las relaciones conyugales en los momentos de crisis previos a la separación o divorcio. (Tesis doctoral). Universidad de Deusto, Bilbao.
La Psicología Clínica y de la salud es el campo de especialización de la Psicología que aplica los principios, técnicas y conocimientos científicos desarrollados por esta para evaluar, diagnosticar, explicar, tratar, modificar y prevenir los ...
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