28-01-21

Día Mundial contra el Cáncer - 4 de febrero

Reflexiones del equipo psicocosocial de la sede de Bizkaia de la Asociación Española Contra el Cáncer (en adelante AECC)
Coincidiendo con la celebración el 4 de febrero del Día Mundial Contra el Cáncer, nos gustaría compartir las reflexiones del equipo psicocosocial de la sede de Bizkaia de la Asociación Española Contra el Cáncer (en adelante AECC), equipo que, además, tiene su representación en el Grupo de Trabajo de Psicooncología del Colegio de Psicología de Bizkaia y dentro del marco del convenio de colaboración que mantienen la AECC y el Colegio.
Como refleja el estudio realizado por la AECC: “Diagnóstico del impacto emocional experimentado por las personas afectadas por cáncer durante la crisis del Covid-19”, realizado durante el periodo de fechas de mayores restricciones sanitarias y confinamiento domiciliario, un 34,32% de los pacientes de cáncer presentan niveles de malestar clínicamente significativos. Al ser preguntados por el grado de preocupación personal por la situación de crisis sanitaria, los pacientes de cáncer muestran mayores niveles de inquietud que la población general.
En este sentido, la Covid-19 ha supuesto todo un reto para el equipo de psicooncología de la Asociación Contra el Cáncer de Bizkaia – AECC.  Ante esta situación de mayor necesidad de atención psicológica y de imposibilidad de hacerlo a través de los medios de intervención habituales, nuestro objetivo inicial fue mantener el vínculo con los pacientes y de los pacientes entre ellos, ya que nuestra intervención es fundamentalmente grupal. Con ello, pretendíamos ayudar a elaborar las situaciones tan duras a las que exponía la pandemia. Hemos seguido interviniendo telefónicamente y en videoconsulta individualmente desde el primer día de confinamiento y en menos de dos semanas habíamos retomado los grupos de psicoterapia en formato online. Gracias a las nuevas tecnologías, hemos podido seguir atendiendo a personas que están pasando por un momento muy complicado en sus vidas con el diagnóstico de una enfermedad grave y a quienes la pandemia colocaba en una posición mucho más frágil.
Como reivindica este año la AECC con motivo de la campaña del 4 de febrero, “El cáncer es igual para todas las personas, pero no todas son iguales frente al cáncer”. En ese sentido, hemos sido muy conscientes de que la pandemia también ha mostrado diferencias entre pacientes de cáncer para recibir atención psicológica. El manejo de las nuevas tecnologías, las posibilidades de acceso a internet o las dificultades económicas han sido algunas de las nuevas barreras de acceso a nuestros servicios. En este sentido, y en línea con la misión de la AECC, nos orientamos a paliar el efecto de esas diferencias. Para ello, nos convertimos en improvisadas técnicas informáticas dedicando una parte importante de las sesiones al aprendizaje del uso de las herramientas online. Además, se destinaron ayudas económicas a recargas de teléfono móvil para aquellas personas más vulnerables socialmente. Gracias a que contábamos con una herramienta que facilitaba el acceso a las sesiones online a través de una llamada telefónica normal, facilitamos que todos nuestros pacientes pudieran mantener contacto no sólo con su psicóloga sino también con su grupo incluso sin conexión a internet. Fue un esfuerzo en medios, pero también en implicación y motivación, para
ayudar a los pacientes a confiar en que a través de esos medios el encuentro terapéutico iba a resultar de ayuda.
Queremos también resaltar lo imprescindible que fue cuidarnos entre nosotras dentro del equipo psicosocial, que también incluye a las trabajadoras sociales, para desarrollar esta tarea. Programamos reuniones de equipo diarias en las que poder pensar juntas las maneras de intervenir con los pacientes ante las nuevas situaciones que se nos iban dando. Reflexionamos juntas y hablamos de cómo nos influía la situación en la manera de trabajar. Consideramos que, reencuadrarnos internamente en un contexto tan diferente apoyándonos en las demás ha sido (y sigue siendo) tan importante como nuestros conocimientos teóricos, técnicos (y en esta situación también tecnológicos).
Por último, nos gustaría lanzar una mirada a futuro y plantear el efecto que tiene en nosotras el hecho de que esta situación, que en principio imaginamos transitoria, se esté manteniendo en el tiempo. Este tipo de trabajo online requiere un esfuerzo distinto, sostenido y muy difícil. La tecnología ayuda, pero no es perfecta y nos encontramos con que muchas veces falla, añadiendo estrés a la ya de por sí situación estresante. El contacto con el paciente se hace a través de la pantalla (y/o teléfono), con lo que las relaciones terapéuticas sufren de algún modo. Además, no tenemos que olvidar que la propia psicóloga está inmersa en esta complicada situación y ello hace que la necesaria distancia terapéutica como herramienta de trabajo se vea a veces trastocada o suponga mucho más peso. Creemos, por ello, que son necesarios espacios profesionales donde reflexionar sobre un nuevo encuadre para esta situación semipermanente, que nos permita seguir trabajando de una manera sostenible para todos, tanto a nivel técnico como humano. Esto facilitará que en la tarea de acompañar a nuestros pacientes en la incertidumbre y el sufrimiento no olvidemos poner los medios para cuidarnos a nosotras mismas.
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